miércoles, 27 de mayo de 2015


Los ciudadanos tenemos hoy mucha desconfianza en el sistema de partidos políticos y poco tiempo para escuchar las propuestas de sus candidatos y candidatas, y esto no    sucede porque aquellos sean callados sino porque casi todos recurren a  la saturación de altisonantes mensajes superfluos, pegajosos, sosos u ocurrencias lanzadas sin ton ni son.



Casi todos los candidatos y las candidatas parecen basarse en la fórmula norteamericana de hacer campaña que incluye posicionarse como producto los primeros días lo que incluye informar brevemente quienes son. Nadie dice demás, al contrario. Hacen una o dos canciones machaconas que inviten a votar, si se puede hasta con sus videos luciendo un pasito de baile, luego caminan algunas calles, empresas, mercados y hospitales saludando a los vecinos para tomarse la foto y subir a las redes sociales. Ya no se estilan las concentraciones y mítines a cual más costosas como intrascendentes. Los resultados se dejan luego a la “elección ciudadana”.



Bueno, eso sucedería en teoría pues varios partidos sobre todo el PRI, le apuestan a la estructura que tengan para seguir posicionando y movilizando su producto en el mercado, a sus estrategias movilizadoras de sus seguidores el día de la elección, a la inhibición del avance de sus adversarios que bien puede incluir una que otra revolcada en el lodo del pasado del partido o candidato y, por supuesto aceitar las estrategias para el día D (esignado para la votación: 7 de junio de 2015 o designado para el partido de fut del tri)



En el Distrito II los días se van con los esmeros de la priista Arleth Mólgora para parecer empática con los mayas y si alguna vez siendo diputada sintió que algunos intelectuales y artistas mayas le señalaron que debiera hacer uso de traductores para hacer llegar su mensaje al aguerrido pueblo que habita su distrito, ahora, devuelve la ocurrente propuesta de “gestionar recursos ante las instancias federales para crear la Academia de Lengua Maya”.



La propuesta despertó “de nuevo” la simpatía de quienes de por sí simpatizan con ella, en otros de rechazo y en otros más de reflexión colectiva.



La reflexión pasa por los estándares de calidad y los perfiles que la ciudadanía busca para votar por quien lo representará en el congreso. Decir “gestionar” no significa en términos formales algo concreto. Suponemos que ella cree que no hay una academia maya. Supuesto falso. Existe una en Quintana Roo que recientemente cumplió 14 años el 14 de abril, existe la Academia Campechana de la Lengua, (Acalema) y la Academia de Lengua Maya de Yucatán con más de medio siglo de existencia, fundada por Don Alfredo Barrera Vázquez.



Supongamos que ella quiere gestionar con recursos federales la creación de una Academia ¿estará facultado el gobierno para crearla según lo establecido en las leyes? ¿No tendría entonces que dedicarse a legislar antes que a “gestionar”. De perdida, no le haría bien checar el marco jurídico ya existente?



Es notorio que desconoce la existencia de la Acamaya y sus similares de la península  porque cotidianamente ella se desenvuelve en el ámbito político, mas no en el académico especifico de la lingüística maya, pero ¿tampoco conoce de la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas en el que se basa la existencia del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas?



¿No cumple el INALI los objetivos para los que fue creado? ¿Requiere mayores presupuestos? ¿No entraría en discordia con lo ya existente en la legislación la creación de la Academia de Arleth? ¿Vale la pena aprovechando la ocurrencia pensar en que se necesitan institutos regionales por lengua, sobre todo si están se hablan en una extensa zona y por un nutrido grupo humano integrado por casi millón de hablantes del maya t’aan o maya peninsular? O para empezar revisión de las políticas públicas que tienen que ver con el pueblo indígena con la participación de sus principales actores político-sociales…  



Es probable que el tema le sea ajeno por lo que su propuesta fue producto de la casualidad, la oportunidad o la ocurrencia. La causa pudiera ser por la misma discriminación que tiene al activista maya y periodista Pedro Canché en la cárcel acusado del delito de sabotaje que no cometió. La causa es el menosprecio y la discriminación a los mayas que les ha hecho pensar a estos políticos que cualquier espejito pueden ofrecer como antaño, y votaremos, como hogaño por más mirreyes y mireinas salvadoras.



Total en campaña se ofrece de todo y se cumple casi nada. Hoy se dice en una comunidad y mañana ni quien se acuerde. Otra equivocación. Eso podía pasar antes, difícilmente en la era de la información y las redes sociales.



Pues las redes sociales de las instancias académicas de todo el sureste mexicano tienen ya un cabo suelto que retomar cuando Arleth llegue a diputada: si el voto le favorece. Subrayo la dubitación. 



Además de las voces expresadas en las redes sociales por  intelectuales mayas son varias las voces de prestigiados comunicadores de la demarcación que señalan que “pese a ser priista Arleth no es una candidata fuerte” y que en el distrito II se la juegan también en el terreno el perredista Domingo Flota Castillo, el independiente Andrés Ruíz Morcillo que juega a fortalecer el orgullo sureño; la candidata Morena Yensunni Idalia Martínez, el Petista Mauricio Morales Beiza, el candidato panista Nahmud Shnaid (si así se escribe) entre otros.

*.-Texto de Marisol Berlín Villafaña, publicado en el face del “Taller de periodismo Felipe Carrillo Puerto”


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