viernes, 8 de mayo de 2015



Los políticos suelen reflexionar sobre política, sobre la que ellos conocen y manejan. Y cuando abandonan el oficio o dejan el cargo, quieren dejar constancia de qué hicieron, cómo lo hicieron y por qué lo hicieron; de sus pensamientos y de lo que los impulsó a llevarlos a la práctica. Publicar las memorias es casi siempre el camino elegido para contarlo. En algunos países, sobre todo en Estados Unidos, forma parte del rito de los ex presidentes. En realidad, desde la Segunda Guerra Mundial, y con la excepción, por razones obvias, de John F Kennedy, ninguno ha dejado de hacerlo. En Uruguay no existe esa tradición, aunque a principios de abril Luis Alberto Lacalle anunció que ya lleva escrita la mitad de un libro en el que repasa el tránsito de su período como presidente. Quizá el único antecedente que se le aproxime es el de Julio María Sanguinetti, que en 1991 publicó El temor y la impaciencia, un ensayo a mitad de camino entre la apología de su gobierno y una reflexión sobre los procesos de transición en América Latina.

Como si se tratara de una forma de extender su presencia en la sociedad cuando los focos ya no están tan pendientes de ellos, pero también de sacar partido de ese “punto panorámico” desde el que pudieron divisar los acontecimientos, los presidentes intentan transmitir algunas cosas que ellos saben y nadie más puede saber. The vantage point (punto ventajoso) fue precisamente el título que eligió para transmitir sus recuerdos Lyndon B Johnson, sucesor del asesinado Kennedy. Aunque casi todas esas memorias compartan el mismo propósito, una apología y una justificación de los hechos, las razones que llevaron a los ex presidentes a publicarlas se insertan en determinado escenario histórico. Quizá otro habría sido el debate de la campaña hacia las elecciones nacionales si hubiese trascendido la noticia de que José Mujica planeaba dejar su cargo para bajar a la campaña en auxilio de Tabaré Vázquez, tal como recoge Una oveja negra al poder, el libro que el ex presidente presentó el domingo en Buenos Aires junto a sus autores, Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz, editor general y periodista del semanario Búsqueda, a quienes confió parte de los secretos de su pasaje por el poder en una edición que puede ser leída como una biografía política autorizada de su gobierno.

Tentación y marcha atrás

“Así esperó el recuento de votos. Preocupado, con temor de que su partido político perdiera el gobierno. Hasta llegó a pensar en renunciar unos meses antes de finalizar su mandato para hacer campaña electoral a favor de Vázquez. ‘Estás loco, eso no va a servir para nada’, le repitieron en su círculo más cercano. ‘Tranquilo, que ganamos’, le decía Lucía. Lo convencieron, pero a medida que pasaban las semanas y se acercaba la fecha de votar, cada vez participaba más en el debate proselitista”, relatan Danza y Tulbovitz en un breve pasaje del libro, aunque no profundizan en los detalles que rodearon aquel episodio, de mediados de agosto, que puso los pelos de punta al entorno del entonces presidente. Según pudo saber la diaria, la idea de renunciar a la presidencia para participar activamente en la campaña había surgido del propio Mujica, en medio del baldazo de agua fría que había significado para la dirigencia del Frente Amplio (FA) la difusión de varias encuestas de opinión pública que reflejaban un importante descenso en la intención de voto al oficialismo. Con muchísimo en juego (nada más ni nada menos que el gobierno) y poco tiempo (la campaña ingresaba en la recta final), el presidente comenzó a meditar la decisión.

Sorprendido por la noticia, buena parte de su círculo de colaboradores más próximos comenzó a organizar una reunión que tendría lugar en el piso 11 de la Torre Ejecutiva. “Quisimos adelantarnos a cualquier jugada del viejo que nos terminara costando cara”, explicó a la diaria uno de los participantes en el encuentro. Buscaban evitar pasos en falso. “En algún momento eso [la renuncia] estuvo sobre la mesa”, reconoció a la diaria el ex prosecretario, Diego Cánepa. Valorar los riesgos de semejante decisión, “atajar” a Mujica, diseñar un plan alternativo: esos fueron los objetivos de la reunión, donde varios de sus colaboradores le pidieron al entonces presidente que desistiera del plan inicial y, en cambio, recorriera el interior e incidiera políticamente en la campaña electoral. Otro de los hombres de confianza del entonces presidente confió: “Él quería salir. El tema era Danilo [Astori], que quedaba inhibido de hacer campaña”. A su manera, Mujica se las terminó ingeniando para inmiscuirse en la brega electoral, ya sea mediante sus audiciones radiales semanales, las permanentes visitas al interior, inauguraciones o hasta reuniones de decenas de personas disfrazadas de cumpleaños. En el medio, Vázquez hizo saber a Mujica que una eventual renuncia perjudicaría a su campaña, explicaron varios colaboradores cercanos al ex presidente.

Como consecuencia del desasosiego que generó en el oficialismo una encuesta que en agosto le otorgó tan sólo 39% de intención de voto al FA, Mujica se reunió con Vázquez y Astori al término del Consejo de Ministros realizado en Suárez y Reyes el lunes 18 de agosto. Allí, el entonces presidente advirtió: “No se puede hacer una campaña a control remoto”, según publica Una oveja negra al poder. En esa reunión Mujica planteó cambios en la conducción de la campaña, dijeron a la diaria fuentes políticas. Por ese entonces, el ex presidente se había obsesionado con que el publicista y dirigente del Frente Liber Seregni (FLS) Esteban Valenti reemplazara a Claudio Invernizzi en la conducción de la campaña, en función del panorama sombrío que reflejaban las encuestas. Vázquez rechazó enfáticamente la idea, comentaron las fuentes. Entrevistado por Emiliano Cotelo pocos días después del balotaje de noviembre, el asesor de comunicación del comando vazquista confesaría respecto de los vaivenes de la campaña: “Hubo dirigentes del Frente, pero hubo cosas peores, hubo operaciones políticas de gente de izquierda…”. Consultado sobre si hubo gestiones para desplazarlo de la conducción de la campaña publicitaria, Invernizzi contestó: “Si yo en vez de ser publicitario fuera político, diría que sí”.

Valenti dijo a la diaria que Mujica nunca le dijo una palabra sobre intención alguna de renunciar. La tentación presidencial se mantenía bajo reserva en un limitado círculo. En octubre, al decir de Lucía Topolansky, el susto avivaría al mamado, aunque siempre quedará la duda sobre el desempeño de las encuestas. Un mes después, Mujica respiraba aliviado. Mujica y todo el gobierno.(Ricardo Scagliola-La diaria)

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