sábado, 9 de mayo de 2015

La forzada renuncia de Roxana Baldetti a la vicepresidencia del país deja claras y contundentes lecciones para ella y a la clase política guatemalteca. Para la vicemandataria el golpe es tremendo, humillante, pues además de verse obligada a abandonar el poder, su retiro implica un penoso, denigrante y adelantado abandono de una trayectoria política exitosa, que le permitió convertirse en la primera mujer en ganar en las urnas el segundo cargo más importante del país.
Sin pretender hacer leña del árbol caído, es necesario advertir que Baldetti fue cavando, poco a poco, su tumba política. Su actitud casi dictatorial, asumiendo controles y poderes que legal y moralmente no le competían, la fueron pintando como una dirigente inescrupulosa, soberbia, que falló en su gestión pública y, lastimosamente, dejó una estela de dudas en cuanto a la transparencia en su accionar y en la rendición de cuentas. En dos platos, Baldetti es víctima de sus errores.
Su retiro, evidentemente, forzado por un movimiento de indignación social y de presión internacional, permite un respiro y una oportunidad al sistema político, que está a punto del colapso y del descrédito completo. La renuncia de Baldetti es apenas el comienzo de un proceso que debe mantenerse. Ahora le tocará, si la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y el Ministerio Público (MP) lo consideran pertinente, enfrentar a los tribunales de justicia y esclarecer su situación legal, en particular, su presunta participación en el caso La Línea, una red de defraudadores cuya cabeza principal era su secretario privado.
Es evidente que este es el principio de un camino tortuoso para la aún vicepresidenta, pero justo y necesario, el que deberá enfrentar de manera personal, sin injerencias de ninguna índole. En cuanto al futuro de la institucionalidad de Guatemala, conviene que el gobernante Otto Pérez Molina asuma con responsabilidad y seriedad la propuesta de la terna que ha de presentar al Congreso para que este organismo designe al sustituto de Baldetti.
Pérez Molina tendrá que pensar en el país y abstenerse de proponer figuras partidarias, que resten a la unidad nacional que hoy se requiere. Guatemala cuenta con suficiente talento intelectual y apolítico para asumir el rol dejado por la vicemandataria. Igualmente conviene hacer un llamado a los diputados, para que actúen en función de los ciudadanos y que dejen la politiquería y se comporten a la altura de las circunstancias y, por una buena vez, demuestren que pueden y tienen la intención de cambiar.(Siglo XXI)

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