lunes, 1 de junio de 2015




Que hay corrupción en la Fifa es vox pópuli desde hace rato.
Hasta en un viejo capítulo de Los Simpsons, uno de los vicepresidentes ejecutivos de la entidad futbolera resultaba arrestado.
Nombres como Mohamed bin Hamman, Joao Havelange, Julio Grondona, Jack Warner, Chuck Blazer, Nicolás Leoz, Eugenio Figueredo y Jeffrey Webb, entre otros, han formado parte de una alineación histórica, muy cercana a su presidente, Joseph Blatter, apasionada por los dineros lícitos e ilícitos que produce el balompié mundial.
¿Cómo pueden altos funcionarios de la Fifa funcionar como una mafia, ser corruptos, realizar actos de soborno, asociarse para delinquir y conspirar para lavar dinero, sin que su presidente nunca, en casi 20 años, se entere? ¿O se entere cuando es ya demasiado tarde?
En sus descargos, Blatter culpa a los dirigentes que delinquen, como individuos, no como representantes de federaciones ni entidades. Para él, ellos actúan, aisladamente, movidos por su codicia. “Las comisiones de ética de la Fifa no pueden controlar a todo el mundo”, ha dicho. “Es el matrimonio de la televisión y del fútbol lo que ha producido esta explosión económica en la Fifa”, explica.
Blatter acepta responsabilidades en los escándalos, pero añade que el Comité Ejecutivo de la misma entidad es también responsable. “Yo propuse un órgano independiente que comprobase la moral e integridad de los miembros de las asociaciones y confederaciones aspirantes a cargos en la Fifa, pero la Uefa –que agrupa al fútbol europeo– se opuso. Si hubiesen aceptado, la situación sería diferente”.
El suizo, de 79 años, dijo que él estaba en la cúspide de una pirámide, desde donde no podía enterarse ni mucho menos controlar lo que pasaba en la base. “Allá abajo no hay comités de ética independientes. No soy responsable de la gente que entra”.
Blatter ha recibido de Estados Unidos y Europa las mayores críticas y denuncias. La Uefa, confederación de fútbol europea, no lo quiere en absoluto, aunque eso lo supo él desde antes de llegar al poder.
Por eso se dedicó a enamorar a otras federaciones y asociaciones africanas, asiáticas, latinoamericanas, algo que viene haciendo con dinero de la misma Fifa, por medio de programas ambiciosos como Goal o Performance, que invierten miles y miles de dólares en canchas, edificios y centros de entrenamiento.
Las confederaciones, muy agradecidas, lo mantienen de modo incondicional en la presidencia de la Fifa. Valdría la pena saber cómo votaron en esta quinta y última ocasión electoral esas entidades tercermundistas, aunque Blatter estaba tan seguro de su quinta reelección que se negó a hacer campaña alguna.
Entonces le preguntaron por su programa de gobierno, y respondió: “Mi manifiesto es el trabajo que he realizado en la Fifa durante estos últimos años. Llevo 40 años en Fifa, 17 como presidente. Ese es mi manifiesto”, dijo y, haciendo pucheros, se cruzó de brazos.
La verdad es que no parece haber habido una elección limpia en la Fifa desde hace dos décadas. Con un lenguaje arrogante de capo mafioso, Blatter niega las enormes dimensiones del escándalo estallado la semana pasada: “No estamos en crisis, solo en algunas dificultades, y estas se pueden resolver dentro de nuestra familia”.
Acusado alguna vez de sobornar al árbitro africano Lucien Bouchardeau, Joseph Blatter aclaró a un periódico suizo que él era culpable, por supuesto, pero solo de caridad. “Porque el árbitro me dijo con lágrimas en los ojos que él era un pobre diablo y no tenía nada. Entonces le di 25.000 dólares que traía. Soy demasiado buena persona”, se justificó en esa ocasión.(Heriberto Fiorillo-El tiempo)

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