viernes, 3 de julio de 2015


Que no exista ley de aborto en Chile, en tres causales muy específicas, me parece cavernario.

Que estemos discutiendo aún -y con una oposición enorme- si se necesita fortalecer la posibilidad de negociación de los trabajadores, cuando el 70% de los trabajadores en Chile gana menos de 500 mil pesos mensuales, me parece cavernario.

Que aún haya sectores que crean que se sale de la pobreza en Chile "esforzándose más", me parece cavernario.

Que se defienda la existencia de liceos emblemáticos como ejemplo de una mejor educación para todos, me parece también "de las cavernas".

En estos ejemplos queda claro que aún vivimos buscando cambios "en la medida de lo posible" como a principio de los 90, recién recuperada la democracia y eso es cavernario.

Me quiero detener en el primero de los ejemplos que puse.

Se presentó un proyecto de ley para despenalizar el aborto. Hoy sigue en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, que ha llevado adelante un proceso largo de escuchar a organizaciones, para tomar una mejor decisión. Debería votarse en julio. Pero NO tiene urgencia de parte del Ejecutivo.

¿Por qué me detengo en este proyecto legal? Porque una ley de aborto es mucho más que la misma ley. Nos define como país, nos define como sociedad, establece un nuevo trato con nosotras las mujeres, nos iguala ante la ley, nos da libertades y derechos. Nos hace avanzar.

Lo más curioso es que el aborto en Chile era legal hasta el fin de la dictadura. Fue el año 1989 que se penalizó como un "legado" de Pinochet. Y hoy, 25 años después, todavía discutimos si tenemos el derecho de decidir.

Para mí, el que no exista aún legalmente el aborto es un signo del machismo actual. ¿Tendríamos aborto si hombres y mujeres pariéramos hijos? Hoy la mujer en Chile se define en una sola dimensión: "la madre". Hay una sobrevaloración de la maternidad y la mujer en el colectivo no se entiende si no es en su rol de madre. Las mujeres somos primero eso: mujeres, después somos madres, trabajadoras, amigas, amantes, esposas, en fin. Esa es sólo una dimensión de lo que somos.

Hoy en un congreso dominado por hombres, se discute la posibilidad de despenalizar el aborto sólo en tres causales: la inviabilidad fetal, peligro de vida de la madre y embarazo por violación. Los cálculos de organismos que estudian esta temática señalan que en Chile hay entre 70 mil y 120 mil abortos al año. Y pese a eso por 25 años nos hemos negado a legislar. Me parece que es cavernario.

Si ponemos atención a la discusión en el Parlamento entendemos la fantasía en la que se vive. Queda en evidencia la falta de calle.

Se plantea que los médicos en Chile ya realizan abortos cuando la mujer está en riesgo. Eso es falso, lo que hacen es inducir el parto, después de la semana 25, alargando una espera que es de riesgo por temor a la Justicia. Suena la alarma para los antiaborto por las causales de inviabilidad fetal o riesgo de la vida de la madre, cuando la mayor parte de esas mujeres sí quieren y planificaron a ese hijo, que lamentablemente las puso en riesgo vital o no tiene posibilidades de sobrevida. Acusan, además, la posibilidad de que las mujeres inventen violaciones para poder abortar, lo que es derechamente una falta de respeto.

Es curioso como este tema encuentra mayorías grandes en la ciudadanía: el 70% de los chilenos está de acuerdo con legislar el aborto en estas tres causales, pero no en el Congreso, que se supone representa a los ciudadanos. Que exista esta diferencia, esta contradición, también me resulta cavernario.(Beatriz Sánchez-Publimetro)

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