lunes, 13 de julio de 2015


La cara de Enrique Peña Nieto lo decía todo. El gobierno viene de unas elecciones cuyo resultado fue la baja de los votos obtenidos por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y enfrenta un duro desafío por parte del magisterio. Además, un crecimiento económico a la baja y fuertes presiones devaluatorias. Y ahora, el gran escape del “Chapo” Guzmán, bajo sus mismas narices. Una verdadera crisis para el gobierno cuando todavía le faltan 3 años de mandato.

Peña Nieto no se lo esperaba, y rápidamente los partidos y la “clase política” exigieron su retorno de la gira por Francia para atender la crisis. Pero EPN prefirió enviar a su secretario de Gobernación, Osorio Chong, en una decisión que posiblemente -si el Chapo no “aparece”- tendrá costos políticos.

PEÑA NIETO Y LOS CARTELES

Como no podía ser de otra forma, la huida de Guzmán Loera arroja grandes sombras de duda sobre su capacidad para controlar al narcotráfico; un tema que es sensible a los empresarios y a los Estados Unidos y que fue lo que Peña Nieto presumió como diferente respecto a su antecesor Felipe Calderón. A inicios del 2014, la entrega de Joaquín Guzmán Loera resultó justamente una de las muestras que el gobierno priista ofreció para mostrarse como “confiable”.

Es evidente que estas dudas sobre su capacidad para negociar y someter a los carteles generan mucha preocupación a la Casa Blanca. El gobierno estadounidense quiere mantener a raya -y de este lado de la frontera- a los grandes carteles, y en particular que no lleguen a territorio de EE.UU. las confrontaciones por las plazas y las rutas de la droga.

Ese es el motivo por el que rápidamente la Procuradora de Justicia de los Estados Unidos, Loretta E. Lynch, se “comunicó” con la encargada de la PGR en México. Y que bajo las órdenes de Osorio Chong están siendo detenidos distintos funcionarios y custodios del penal de Alta Seguridad de Altiplano.

Desconfianza y repudio en la población

Otra cuestión que se hace evidente en la actual crisis es la colusión entre el narco y sectores del mismo estado. Más allá de las interpretaciones que sostienen que se rompió un pacto entre Guzmán y el gobierno (donde aquel se habría entregado en el 2014 a cambio del respeto a sus zonas de influencia), el hecho es que dos escapes en 15 años de cárceles de alta seguridad son imposibles de concebir sin una extendida red de complicidades al más alto nivel. En los comentarios en las redes sociales -que se viralizaron rápidamente al conocerse la noticia- se expresaba la desconfianza y el repudio, existente en amplios sectores de la población, frente a las autoridades y el propio Estado. La misma desconfianza que vimos en septiembre del año pasado durante las movilizaciones por Ayotzinapa.

El verdadero alcance del escape de Guzmán todavía está por verse. El golpe que supone para el gobierno de Peña Nieto no se acaba en las repercusiones de la huida y en que aparezca como incapaz de mantener tras las rejas al capo.

Habrá que ver, además, si esto no abre un nuevo espiral de la narcoguerra, con nuevos enfrentamientos entre los carteles y nuevas disputas por las plazas y las rutas de la droga. Los carteles que se mencionan como el motivo de la ruptura del supuesto pacto con Peña Nieto son de los más activos y violentos en los últimos meses.

De entrar a un nuevo capítulo de la narcoguerra, los trabajadores, la juventud y el pueblo deberemos enfrentar nuevamente el ataque sobre nuestras libertades democráticas y la militarización que han sido moneda corriente en los últimos sexenios.(La izquierda diario)

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