viernes, 10 de julio de 2015


Aunque la factoría lleva el nombre y apellido del político y revolucionario mexicano que afirmó que nadie aguanta un “cañonazo de 50 mil pesos”, el ingenio Álvaro Obregón, como es más conocido, ha resistido los altibajos del precio de su principal producto y las directrices operativas de quien los han administrado.
Desde su nacimiento, en la coyuntura de la conversión de territorio a Estado Libre y Soberano de Quintana Roo, el establecimiento de esa agroindustria tuvo que vencer las adversidades, pormenores que expone Miguel Soriano Muñoz, ex dirigente de la Unión Local de Productores de Caña.
—La organización del ingenio comienza por junio-julio de 1976, promovido por Áureo Contreras González, que fue, en realidad, el primer presidente de la ULPC.
Y el entrevistado fue el secretario general.
—Pero por razones que nunca supe, él compró una cosechadora, lo que ocasionó que vinieran desde la ciudad de México a pedir su renuncia, porque creo que al comprar esa maquinaria no pagó el diezmo a la Unión Nacional.
En aquellos años la organización la conducía una presidencia.
—En su lugar entró Jorge González Contreras, quien sustituye a Áureo.
Soriano Muñoz queda como representante ante la Comisión y Planeación de Operación de Zafra.
—Luego viene otro cambio en el mismo periodo de tres años.
Sale Jorge González y entra Juan Adame, para concluir el trienio que inició con Áureo.
—Él como presidente, yo como secretario general.
Se cumplen los 3 años y viene la renovación de la dirigencia.
—Me piden que integrara una planilla, y la formamos.
En su oportunidad, “con muchos problemas”, pero ganaron en la votación.
—Allí la situación era difícil, porque no había caña. El ingenio nació por voluntad política. Vino una autoridad y estableció lo que sería el ingenio; colocaron la primera piedra.
Posteriormente, por motivos desconocidos, se llevaron la maquinaria.
—Allí comenzó la lucha, con unos compañeros de Álvaro Obregón que siempre cargaban la piedra a la hora de reclamar; Santiago Canul era uno de ellos.
Hasta que en el mandato de Luis Echeverría Álvarez se decidió que se hiciera el ingenio.
—Una vez que el presidente de México visitó el ingenio, y para que él viera que ya iba a funcionar, le metieron llantas viejas a las chimeneas para quemarlas y que saliera humo.
Claro, el ingenio ya estaba construido, mas no había cañaverales.
—Apenas ganamos las elecciones nos dedicamos a sembrar caña.
Pero tampoco había suficientes áreas desmontadas.
—En lo último de su sexenio, pedimos al gobernador Jesús Martínez Ross que hablara con Antonio Spat, que es el que tenía la maquinaria para desmontar, para ver la posibilidad de que desmontara más terrenos.
Entre pláticas y negociaciones transcurre el tiempo y entra el nuevo mandatario: Pedro Joaquín Coldwell.
—Nos llama y le hacemos la petición. Le dijimos que en Quintana Roo no se podía ser cañero trabajando con las uñas; que debíamos de tener maquinaria, tierras abiertas al cultivo y créditos individuales, porque el financiamiento era colectivo.
Eso porque si trabajaban 50 y si alguna ganancia vislumbraban, la querían 40 o 500 ejidatarios que no participaban en las actividades cañeras.
—Luchamos, conseguimos la maquinaria y sembramos.
Iniciaron con 7 mil hectáreas que a la postre se convirtieron en 27 mil.
—En ese tiempo la tonelada de caña valía 38 pesos, pero nadie quedaba a deber. Todos los que cultivaban cubrían sus deudas y les quedaba un alcance.
De esa manera siguió funcionando la factoría, hasta que el gobierno lo privatizó.
—Al comprar el ingenio en 1986, comenzamos un estira y afloje, porque antes de que Beta San Miguel comprara el ingenio, teníamos un rendimiento de garantía, que era el ocho punto tres.
Además, cuando esta agroindustria la tenía el gobierno, el manejo administrativo era tripartito: iniciativa privada-empresarios-, productores de caña, y el gobierno federal.
—En aquella época el gobierno federal tenía sus instituciones. Una que se llamaba Operadora Nacional de Ingenios, Sociedad Anónima.
Y también la Comisión Nacional de la Industria Azucarera.
—La Compañía Nacional de Operación de Zafra se componía de tres representantes: un federal, otro de los productores de caña, y el tercero de la Cámara de Comercio.
Allí todo se manejaba por acuerdo a esas tres entidades.
—El gobierno federal era el que inyectaba dinero a través de ONISA- CNIA, y bajaba hasta los productores.
Acuerdos y evaluaciones pasaban por la Comisión de Planeación, como ahora pasan por el Comité de Producción, que vino a tomar el lugar de aquella terna.
¿Qué particularidades existen entre el ingenio gubernamental y el Beta?
—La diferencia garrafal es que antes teníamos un precio asegurado, que era el 8.3, lo que significan 83 kilos de azúcar por tonelada de caña, cuando las cosas las manejaba la Comisión Nacional de Operación de Zafra.
Luego viene el cambio, cuando los empresarios adquieren el ingenio y desaparecen el precio de garantía.
—En el rubro del rendimiento- el carbe-, ahora le pagan al productor de acuerdo al valor del azúcar.
Si la tonelada de caña rinde 100 kilos de azúcar, multiplicados por el valor del azúcar, dan el precio de la tonelada.
—Hay una diferencia tremenda, porque ahora se tiene que producir azúcar; no toneladas.
Antes, entre más toneladas entregaba un productor, le iba mejor, por el precio de garantía.
—En Quintana Roo nos podemos estabilizar y tener algún dividendo, cuando menos al trece, es decir, 130 kilos de azúcar por tonelada, entonces si podríamos tener utilidades.
El ex integrante de la VIII Legislatura, cuyo periodo comprendió de 1996 a 1999, comparte lo que podría ser una anécdota del doctor Chunga, personaje creado por el comediante Sergio Bustamante.
—Tuvimos una gerente químico que la sacaron del laboratorio. Desde que entra a trabajar al ingenio, a los productores de caña nos lleva la patada, porque no hay rendimiento.
Resulta que la hábil dama sabía cómo llevarse la sacarosa en la miel e irla a purificar a otro ingenio, lo cual no es una mafia; “es un mafión”, dice Soriano Muñoz. “¡Tan fácil como eso!
—Hay muchos factores en que se escapa la sacarosa y el carbe disminuye; baja el kilogramo de azúcar y al bajar, también cae la tonelada de caña.
Entrevistado en el porche de su casa, en la comunidad del Palmar, platea lo siguiente, en una abierta invitación imaginaria para entrar a un escenario absurdo.
—Tenemos una vaca que da 5 litros de leche diarios, a 2 pesos cada uno. O sea que la vaca genera 10 pesos. Sin embargo baja el valor de la leche: ahora cuesta un peso, pero como la vaca es inteligente, también aja su producción a 3 litros diarios.
¿Por qué la vaca decreció su producción láctea de 5 a 3 litros?
—Porque bajó el precio de la leche. Si el precio de la leche sube a 3 pesos, entonces la vaca producirá 6 o 7 litros. (recordemos que tenemos una vaca inteligente, eh) ¡Cómo nos explicamos que nuestro rendimiento baje porque el azúcar bajo. Tendría que ser el mismo rendimiento.
Afirma que muchas veces ha solicitado que le expliquen por qué el carbe no sube si el precio no sube.
—Si aplicamos el paquete tecnológico que nos entrega el ingenio, los cañaverales tienen que rendir toneladas, independientemente de que suba o baje el precio de la azúcar.
Ha bajado su rendimiento, pero los costos de producción suben.
— ¡Cuánto costaba la gasolina y el diesel hace 3 años! Todo se ha disparado, mas el kilogramo de azúcar, en lugar de dispararse, se cae.
De allí el enojo de los productores.
—No nada más de caña; de todos: maíz, sorgo. ¿Y el gobierno?...Bien gracias.
Y entonces aparece una sucia generosidad, en los prolegómenos de los procesos electorales
—Llegan a dar alimentos. Esto es un gran descubrimiento. ¡Nos vienen a dar la pastilla para el dolor de cabeza, pero no se presentan a resolver el problema del campo!
¿El campo está olvidado?
—Por supuesto. Y no porque lo diga Miguel Soriano Muñoz.
Lanza un temerario exhorto.
—Que alguien me muestre en el campo, no en su casa, ni en una oficina, que el campo está produciendo; cuánto le están pagando al campesino por su producción y qué cantidades de dinero gana, a menos que sea un funcionario.
Por alguna o muchas razones, siempre que hay un desequilibrio de desarrollo económico, al “servidor público” la bonanza le sonríe.
—Si un funcionario me dice ‘ven a ver mi ganado, ven a ver mis cultivos’, es porque el poder le da todo. Gracias al poder que lo sostiene en un cargo donde está robando, comprando buenas vacas y quedándoselas él. Y los vientres chorrientos se los da a los solicitantes. ¡Esto es cierto, eh!
¿Alternativa?
—Lo único que podemos hacer es fijarnos a quién vamos a nombrar como nuestros dirigentes, como nuestros representantes en los poderes ejecutivo y legislativo; también podemos levantar nuestra manita y rayar en las boletas al candidato que mejor propuestas tenga. Es lo que debemos hacer. Porque la población de las comunidades se está yendo a otros lados.
Refiere que existen comunidades vacías, porque sus hombres se fueron a lugares donde puedan ganar un poco más.
—Por eso es que Cancún hay muchos habitantes; por eso es que al cuarto distrito se le fusionaron otras comunidades, para que se siga manteniendo al IV Distrito, porque la gente se fue.
Los votos emigraron a la cabecera municipal de Benito Juárez.
—Pero al irse a Cancún la mano de obra, se va el sufragio. Los votos que se nos fueron están allá.
Reconoce que la industria sin chimeneas es magnífica.
—Pero al turismo hay que darle de comer, atenderlo. Y ¿de dónde se les da alimentos? De otras entidades llega todo, pues Quintana Roo no tiene la capacidad, los hombres ni la tecnología que enseñen al campesino.
Tampoco hay dinero, y si lo hay, está carísimo.
—He escuchado que algunos amigos han tenido que pagar hasta el veinte por ciento de interés para hacer alguna cosa.
¿Y las autoridades?
—...brillan por su ausencia.
Interroga y se responde.
—¿Dónde están los ingenieros agrónomos? Se han ido a otros lados, porque aquí no hay quien los ocupe, no porque no haya tierras, sino porque no hay dinero, éste se va a otros lados, también. El dinero lo usan para pagarse fiestas, viajes.
Una vista a vuelo de pájaro de lo que sucede en el agro.
—Al campesino que tiene seis borregos se los están robando, pues menos existe la justicia. Debería darles vergüenza a los que tiene bajo su mando a los cuerpos policíacos. Vemos robos por dondequiera. No hay funcionario o agente que los pare.
¿Hay pobreza en la ribera del río Hondo?
— Claro que la hay. Que cierren los ojos y digan que la ribera está rica, es otra cosa. Sí está rica, pero en necesidades. El que antes podía contar con cuarenta o cincuenta mil pesos, o tener guardados por allí cinco 5 mil, ahora está endeudado…Que alguien de los que está el poder renuncie a su millonario sueldo anual y que venga al campo, ¡a ver si vive con lo se cobra por un jornal!(Carlos Colonia López-Ecos del caribe)

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