miércoles, 6 de enero de 2016


En la Perla del Once compusiste La Balsa", dice León Gieco en "Los salieris de Charly". Y así fue. El 2 de mayo de 1967, en el baño de ese bar en la porteña esquina de Rivadavia y Jujuy, Tanguito (José Alberto Iglesias, mítica figura del rock) le mostró a Litto Nebbia la base de la canción.
Juntos la terminaron y Los Gatos, la banda de Nebbia, la grabó el 19 de junio del mismo año. Con este tema la música argentina cambió para siempre. Murió la "porteñada", quedó relegado el tango, y nació así el rock argentino.
Nebbia —y si se quiere también Tanguito— es el inventor del rock argentino. Así lo han reivindicado míticas figuras del género como Luis Alberto Spinetta y Charly García, y más cerca en el tiempo también Andrés Calamaro y Fito Páez. Es una leyenda viva. Pero es más que eso. A lo largo de los años Nebbia ha nutrido su obra incorporando el jazz a sus creaciones, al tiempo que ha servido de trampolín, a partir de su sello discográfico Melopea, para nuevos artistas ignorados por las grandes compañías, como también significó un sitio de refugio para grandes artistas.
Es, claro está, también un melómano. No concibe un día sin escuchar música. Y tampoco sin tocar. Su discografía, que incluye más de 600 discos, es prueba de ello."La música es mi vida", le dice a El País. "Funciono con ella todo el santo día prácticamente desde que nací. Tengo más de 23.000 discos. Vivo un mundo de arte donde está enraizado a partir de la música, el cine y la literatura. Cada uno es analogía del otro. Gracias a Dios", agrega.
No viene mucho a Uruguay. Por eso, cuando viene, hay que aprovecharlo. Nebbia toca hoy y mañana en Medio y Medio, en Portezuelo (desde las 22:30, entradas a 900 pesos), y el jueves 14 en la Sala Zitarrosa de Montevideo.
—¿Qué es la música para vos?

—Mi pasión, mi vocación, mi razón de existir. Tuve la suerte que me fuera transmitida esta vocación por mis padres, que eran músicos y grandes bohemios.
—¿Cómo definirías el rock argentino?
—Dentro del amplio panorama del rock hispanoparlante que existe internacionalmente, el rock de Argentina es el que ha logrado desarrollar un estilo personal, con raíces de nuestra idiosincrasia. Lógicamente, tomando como ejemplo la obra de un manojo de grupos y compositores.
—Sos reconocido como el inventor del rock argentino, ¿cómo ves la música de tu país hoy?
—Veo a la música, no sólo de Argentina, sino a nivel internacional, con una ansiedad preocupante hacia el gran negocio. Esto, sabemos, no permite que se desarrollen otras músicas, otros estilos, trabajos más refinados, auténticos o experimentales.
—En la película Tango Feroz se cuenta una versión de cómo fue la composición de "La Balsa", pero es sustituida por la canción "El amor es más fuerte", y se da a entender que el tema le fue robado a Tanguito y que se grabó una versión totalmente comercial. ¿Hay algo de cierto en ese relato?
—Todo lo que muestra esa película es totalmente erróneo. Produjeron una versión color de rosa pensada para pegar en el sentimiento adolescente, cosa que en su momento lograron, ya que la película fue un gran éxito. La necrológica del rock vende y vende mucho. Nadie quiere hacer una película sobre la verdad, porque la verdad no vende tanto, y además hay que trabajar y sacrificarse mucho. En el momento del extraordinario éxito de "La Balsa" por Los Gatos, dos nefastos personajes del ambiente (Javier Martínez, baterista de Manal, y Jorge Álvarez, director del sello Mandioca) tiraron la calumnia de que yo no escribí la canción. Ya conté docenas de veces cómo se hizo, lo podés encontrar pacientemente por Internet. No lo cuento más.
—Se creó un mito a través de esta película de cómo era La Cueva, ¿pero cómo era realmente?
—Exactamente al revés de cómo la muestra la película. Nosotros con Los Gatos unos cuantos meses antes de tener el éxito que tuvimos con el primer disco con "La Balsa" trabajamos en La Cueva, éramos el grupo de relleno animando todas las santas noches ahí, con eso sacábamos para una pieza en la que dormíamos siete y un café con leche... Era un trabajo desgastante y por dos pesos. Todas las noches de 22 a 4 de la mañana. Tenía sus cosas buenas, en el sentido de que agilizabas tu manera de tocar, ya que zapabas mucho, tocabas blues, rock, algo de jazz, etc. Ningún tema cantado, ya que no había equipo de sonido para el canto. Por las tardes el dueño nos permitió ensayar, entonces ahí fue que fuimos sacando todos los temas que están en el primer LP de Los Gatos y hasta algunos del segundo.
—En tus primeros años como músico tuviste un relacionamiento muy cercano con Los Shakers. ¿Cómo fue esa experiencia?
—Eso fue concretamente antes de Los Gatos. Fue durante 1965 con mi otra banda, Los Gatos Salvajes. El programa de televisión Escala Musical contrató primero a Los Gatos Salvajes y a los meses a Los Shakers. Ahí nos conocimos e hicimos amigos. También al rato vinieron Los Malditos en la que uno de los guitarristas era Eduardo Mateo, y viví cerca de un mes con él en un hotel de la Avenida de Mayo. Yo cumplía 16 años entonces. Todo el día tocando estábamos.
—¿Cómo se te ocurrió hacer música en español?
—Fue algo natural. Desde mis 12 años inventaba melodías y escribía letritas en un cuaderno. Un día se me ocurrió juntarlas y hacer canciones. También le ponía letras a temas ingleses que me gustaban.
—¿Qué influencias tuvieron Los Gatos para crear esta música?
—Por un lado tuvimos las influencias típicas de la época, que a mis 13 años aparecieron Los Beatles y todo eso… pero yo, como era de familia de músicos, además conocía el nacimiento de la bossa nova, un poco de jazz y el buen tango.
—En la época de éxito, ¿dónde y qué tanto tocaban Los Gatos?
—Era una locura, hacíamos por fin de semana seis o siete shows, todos llenos de multitud de gente. Hubo un momento que estuvimos primeros en el ranking de toda Latinoamérica.
—Luego de llegar al éxito, pasaste a mezclar el rock argentino con el jazz. ¿Por qué decidiste salir de ese lugar de confort?
—Porque mi dedicación a la música siempre incluye el no estancarse, evolucionar, hacer cosas de buen gusto y no quedarse quieto por la conveniencia económica.
—¿Cómo se creó el sello Melopea?
—Fue alrededor de fines de los 90, con la idea de tener libertad absoluta en la decisión artística. No solo de mis álbumes personales, sino de otros artistas que me gustan. Hemos cumplido 25 años y tenemos un catálogo de más de 600 álbumes. Aproximadamente 100 de ellos se han publicado por Europa y Estados Unidos.
—¿Cuáles discos de ese sello son los que más orgullo te dan?
—Muchísimos. No voy a mencionar los míos, solo algunos en que tuve la suerte de producir, tocar, o estar involucrado en su realización: los tres últimos discos de Roberto "Polaco" Goyeneche, los primeros de Adriana Varela, el último de Dúo Salteño, Hugo Fattoruso/Rubén Rada En Blanco y Negro, los dos del trío TA de Ingold-Fattoruso-Amuedo; Suma Paz, Roberto "Fats" Fernández, Enrique "Mono" Villegas, Gato Barbieri, Beto Satragni, toda la obra de Leda Valladares, Cacho Tejera, César Franov y docenas de artistas más.
—Sos una máquina de grabar. ¿En cuántos discos estás, contando los solistas, más los grupos, más las participaciones? ¿Cuál es el que más te gusta?
—Aproximadamente 600 álbumes. Nunca hay uno preferido, cada uno tiene su historia y su cosa.

Un repertorio de más de medio siglo que nunca se interpreta dos veces igual.


Hoy y mañana, Nebbia se presenta en Medio y Medio, el boliche que, como todos los años, ofrece todo el verano números fuertes de la región. El show empieza a las 22:30 y las entradas salen 900 pesos. Medio y Medio está en Rinconada de Solanas en la entrada de la playa de Portezuelo.
"Son conciertos en solitario cantando, acompañándome al piano y teclados, y una parte con guitarra", adelantó Nebbia en entrevista con El País.
"Puras canciones, improvisaciones de piano y repertorio tipo songbook de mi composición histórica. Canciones muy populares como Solo se trata de vivir, No importa la razón y Viento dile a la lluvia, mixturadas con otras que no son tan conocidas y otras compuestas recientemente. Puedo tocar cualquier música de cualquier tiempo, ya que nunca las toco igual. Todo lo que hago es muy libre e improviso mucho", contó Nebbia.(Carlos Tapia-El país)

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