viernes, 15 de enero de 2016


Apenas ha transcurrido poco más de un mes desde aquella soleada mañana del 10 de diciembre en que Mauricio Macri bailó en el histórico balcón de la Casa Rosada. Desde aquel bailecito horrible, ya mucha agua ha pasado bajo el puente.
Mientras los precios -como resultado de la devaluación- siguen subiendo, el temor al desempleo empieza a ser tema de discusión política nacional. El objetivo de gobierno y empresariado es avanzar en crear las condiciones para imponer un nuevo salto en los niveles de explotación de la clase trabajadora.
Los despidos en la administración pública –defendidos rabiosamente por Prat Gay y Macri- empiezan a entrelazarse con los que se producen en el sector privado. Las grandes patronales toman como propia la agenda que ataca a los “noquis”.
Con los despidos en el sector privado las patronales intentar crear las condiciones para imponer acuerdos a la baja en las próximas paritarias. En el Estado además implican imponer una reducción en el gasto público y bajar el déficit fiscal.
Como señala un informe del Observatorio de Derecho Social de la Central de Trabajadores Argentinos (Autónoma) “en el contexto actual el avance del Estado contra los trabajadores del sector público constituye una señal inequívoca para los empleadores del sector privado. Por un lado, como legitimación de los despidos ya implementados; por el otro, como una invitación a impulsar mayores ajustes en las dotaciones de trabajadores y limitar los incrementos salariales.”
La clase capitalista apuesta a repetir, hasta donde sea posible, un movimiento como el que ocurrió luego de la crisis del 2001, donde la devaluación la permitió avanzar sustancialmente en sus niveles de rentabilidad y en las condiciones de explotación de la clase trabajadora. Pero aquello solo fue posible como resultado de la fenomenal desocupación heredada del ciclo de la convertibilidad. La existencia de ese gigantesco ejército de reserva -un 21,5% de la PEA desempleada- fue una condición esencial de ese nivel de ataque.
Precisamente el límite que hoy tiene el capital para avanzar en una dinámica similar reside en la reconstitución de la fuerza social de la clase trabajadora en los años recientes.

El temor al desempleo como tema en la agenda política

Por estos días, dando cuenta del crecimiento de los despidos, se creó el sitio El Despidómetro, dedicado a relatar y difundir las cesantías que se vayan produciendo.
Autodefinido como “el contador de los despedidos de la gestión macrista” se actualiza de manera permanente y contabiliza los despidos en la gestión pública, tanto en su cuenta en Twitter: @Despidometro como la de Facebook: El Despidómetro.
Al cierre de esta edición anotaba la cifra de 23.280 despidos en el Estado y lo ilustraba mediante un mapa interactivo que detallaba donde se producían los mismos.
Por estos días también el Observatorio de Derecho Social de la Central de Trabajadores Argentinos (Autónoma) dio a conocer su propia evaluación de los despidos. Así, según sus datos, se cuentan 18 mil despidos de empleados públicos, a lo que hay que sumar más de 10 mil en el sector privado.
En el informe donde presenta estos datos, se consigna que “el Gobierno Nacional pretende que los trabajadores acepten pacíficamente una reducción en sus salarios, aún cuando estos ya se encuentran en niveles muy bajos”. Agrega además que los despidos “no tienen tanta relación con el costo salarial sino más bien con el objetivo de disciplinar al conjunto de los trabajadores y debilitar su capacidad de lucha y organización”.
En el mismo sentido a inicios de la semana, la CGT que lidera Antonio Caló estimó en 65mil los despidos en la administración pública en todo el país. “Los cálculos no son antojadizos, abarcan la administración nacional, las provinciales y municipales” había afirmado Horacio Ghilini, secretario de Políticas Económicas y Sociales de la CGT.

La “herencia recibida” y los “olvidos” del Relato K

Las afirmaciones de Prat Gay defendiendo los despidos masivos, desataron el rechazo de amplios sectores. Desde las conducciones sindicales hasta la izquierda agrupada en el FIT, pasando por sectores del kirchnerismo.
Este jueves no faltaron las declaraciones de referentes del ex oficialismo. La amplitud llegó hasta la intervención de la ex presidenta Cristina Fernández en las redes sociales, que escribió contra las medidas del gobierno de Macri y colgó en su página una nota de Axel Kicillof criticando las afirmaciones de Prat Gay.
El ex ministro de economía escribía, entre otras cosas, que “el modelo que aplica Macri genera inevitablemente pérdida del poder adquisitivo, recesión y desocupación. Los números cierran con la gente afuera. Y para poder aplicarlo, como muestra la dolorosa experiencia histórica, hay que limitar las demandas de los trabajadores, a cualquier costo, incluso con represión”.
El discurso del actual diputado nacional por el FpV contiene una serie de lagunas no menores. Durante los años en que el kirchnerismo tuvo mayoría parlamentaria se negó siquiera a tratar el proyecto presentado por la bancada del Frente de Izquierda prohibiendo los despidos. Peor aún, cuando éstos ocurrieron y los trabajadores salieron a enfrentarlos–como ocurrió en Lear y Gestamp en la industria automotriz- el gobierno nacional envió a las Gendarmería y la Bonaerense a reprimir a los trabajadores en lucha.
En el caso de los despidos que están ocurriendo en la administración pública, una parte no menor de los mismos responden a la no renovación de contratos. Como señala el informe del Observatorio de la CTA “en el Estado Nacional la gran mayoría de las desvinculaciones se realizaron a través de la decisión de no renovar contratos temporales o de asistencia técnica, cuya proliferación en los últimos años da cuenta de la existencia de fuertes niveles de precarización contractual. Esta situación ha facilitado notablemente el accionar de las nuevas autoridades, demostrando la situación de vulnerabilidad normativa en la que se han venido desempeñando miles de trabajadores del sector público. En otras palabras, las desvinculaciones de hoy también son producto de la precarización laboral de ayer”.
El enfático rechazo de sectores del kirchnerismo a los despidos y la represión de hoy funcionan como una suerte de memoria de “corto plazo”.

Una medida necesaria y urgente

Ante el ajuste en curso, desde el Frente de Izquierda se viene planteando la exigencia a las conducciones sindicales del llamado a un paro nacional para enfrentar el ajuste en curso. Nicolás del Caño, uno de sus principales referentes, lo ha señalado públicamente en varias ocasiones.
En esta edición de La Izquierda Diario entrevistamos a Claudio Dellecarbonara y Ana Laura Lastra, dirigentes del PTS en el Frente de Izquierda y referentes del sindicalismo combativo sobre como está viviendo la clase trabajadora el ajuste en curso y la necesidad de preparar una respuesta para enfrentarlo.
En ese sentido, Dellecarbonara afirma que “el ajuste se está implementado va a una velocidad rapidísima, los trabajadores no podemos perder tiempo. Cada día que se deja pasar con cientos los compañeros que pierden sus puestos de trabajo. Es urgente una medida que le ponga un freno a los ataques de los grandes empresarios”.(Eduardo Castilla-La izquierda diario)

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