miércoles, 9 de marzo de 2016


Las páginas de todos los diarios Brasil y del mundo se vieron sacudidos por el avance de la Operación Lava-Jato contra Lula. En una acción mediática importante, el juez federal Sérgio Moro envió a la Policía Federal (PF) al domicilio de Lula que fue trasladado a prestar declaración durante 3 horas. Estos movimientos debilitan al gobierno de Dilma y plantea el tema del impeachment, pocos días antes de realizarse un acto convocado por todos los partidos burgueses opositores.
El justo sentimiento de rabia y rechazo que se expresó entre los trabajadores, jóvenes y la población contra el mar de lodo que es esta democracia de los ricos en Brasil, y la oposición a los despidos y el ajuste que asola al país, exige que se realicen análisis precisos sobre la situación. Significa no caer en el intento de canalizar esta rabia popular detrás de intereses reaccionarios, que buscan atacar aún más a los trabajadores.
Pero tampoco significa caer en la maniobra expresada en la declaración de Lula, su autodefensa, en la que defiende una gran mentira, una realidad completamente opuesta a la realidad, como si no existieran un plan de ajuste implementado por el gobierno de Dilma y el PT. Lula, para legislar en causa propia, inventó un país en el que los pobres y los trabajadores siguen gradualmente conquistando mejores condiciones de vida y no sufriendo ataques y despidos.

Mayor sumisión al imperialismo como marca de la situación actual

Este nuevo capítulo de la Operación Lava-Jato tiene repercusiones que trascienden los límites nacionales. Se inserta en el marco de un fin de ciclo de los gobiernos posneoliberales de América Latina y del giro a la derecha de la superestructura política de los países de la región. Esto tiene como escenario de fondo una importante recesión que golpea al país, que se combina a las desaceleraciones económicas en los principales países de América del Sur, que erosionan la legitimidad de los gobiernos posneoliberales.
Lo que a su vez preparó el terreno para una ofensiva abierta del imperialismo norteamericano de reconquistar posiciones en América del Sur, al que siempre consideran su patio trasero. Esto se ha expresado en prácticamente todos los países de la región. En Venezuela el imperialismo apoyó al derechista MUD y en Argentina a los sectores derechistas como Mauricio Macri, recién electo presidente de ese país.
En Brasil, el salto en la sumisión imperialista se encuentra tanto en el gobierno, como en la oposición y en los dirigentes de la Operación Lava-Jato. Esto lo vemos en el propio giro a la derecha del gobierno de Dilma, que recientemente avanzó escandalosamente en la entrega del Pre-Sal, adhiriendo al proyecto presentado por el tucano José Serra (PSDB). Esto es una demostración más que aquí la ofensiva imperialista encuentra abierta recepción tanto en el gobierno de Dilma, que está protagonizando los ajustes y entregando las riquezas del país, como entre los opositores que se ocultan detrás del Lava-Jato
Sérgio Moro, juez que está al frente de la Operación Lava-Jato, mantiene vínculos con los monopolios imperialistas y con el PSDB. Incluso, luego del anuncio de la 24° Fase de Lava-Jato, todos los medios dieron cuenta cómo las bolsas habían subido y el dólar había caído. No se puede descartar que a través de los medios de comunicación, en alianza con el medio O Globo, el imperialismo aliente la marcha convocada por la derecha para este 13 de marzo.

Medidas bonapartistas en América del Sur

Retomando el caso de Argentina, Mauricio Macri representa una derecha ajustadora, carnalmente ligada a los empresarios, que busca lanzar sobre las espaldas de los trabajadores y del pueblo los costos de la desaceleración económica. Macri está legislando “por decreto” a favor de las grandes empresas, y de los sectores capitalistas más concentrados, con despidos masivos de los trabajadores estatales, aplicando tarifazos contra la población, aumentando los servicios como la luz en 900%. Esta necesidad de atacar es lo que está por detrás de las medidas bonapartistas, autoritarias como al “ley antipiquete”, en la que deja las manos libres a las fuerzas represivas para decidir cuáles manifestaciones pueden realizarse y cuáles no.
Frente a esto, la respuesta de los trabajadores fue un enorme repudio, como parte de un paro de los trabajadores estatales, que reunió a decenas de miles de personas que rechazaron activamente esta ley contra las manifestaciones. Los parlamentarios del PTS en el FIT están al frente de la resistencia y contra los acuerdos con los fondos buitres que el gobierno está pactando con el imperialismo y defendiendo que todo político gane lo mismo que una maestra.

En Brasil, estos movimientos con rasgos bonapartistas encuentran su expresión en acciones del Supremo Tribunal Federal (STF) y el Ministerio Público Federal (MPF) y al interior del Congreso Nacional a través de las maniobras por el impeachment. Los sectores más de derecha de los mismos políticos que roban al pueblo cotidianamente, aliados a jueces que mantienen relaciones carnales con sectores del PSDB y de los monopolios imperialistas, están buscando apropiarse de la justa bronca de los trabajadores, del pueblo y de la juventud contra la corrupción y toda la inmundicia que asola al país, para imponer una salida reaccionaria y favorable a sus propios intereses.
El impeachment es, por lo tanto, una tentativa de avanzar en esas medidas bonapartistas, como el poder incuestionable que los jueces asumieron, que no está al servicio de mejorar la democracia y combatir la corrupción, como dicen los partidos burgueses opositores al gobierno. Al contrario, serviría para aumentar el ritmo de los ajustes contra los trabajadores en manos de la derecha. Por lo tanto, si esa perspectiva se consolida, eso podría significar un giro aún más a la derecha en la superestructura política de América del Sur.

La necesidad de una salida independiente

Es por eso que debemos luchar por una salida independiente, que ligue la resistencia a los ajustes del PT a la lucha contra la corrupción, y no a través de operaciones de como “Lava-Jato”, sino a través de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, basada en la movilización los trabajadores y el pueblo, para que se imponga la anulación de la entrega de las riquezas nacionales al imperialismo, para que se termine con todas esas medidas bonapartistas que se volverán contra los trabajadores, imponiendo que todo político gane lo mismo que una maestra, y que puedan ser revocados por el pueblo, y no por el TSF o el MPF, instituciones repletas de corruptos. En esa perspectiva nuevos vientos pueden soplar en América del Sur.(Simone Ishibashi-La izquierda diario)


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