miércoles, 9 de marzo de 2016


Después de seis años de especulaciones sobre cómo se produjo el cruel asesinato del pequeño Lorenzo González Cacho,  finalmente ayer se produjeron acusaciones criminales en torno al violento ataque que cobró la vida del niño de 8  años.
 El secretario del Departamento de Justicia, César Miranda, anunció que según la prueba recopilada, no cabe la menor duda de que Luis Gustavo Rivera Seijo, alias el “Manco”, es el único responsable de la muerte del menor, ultimado en medio de un escalamiento en su hogar, en la urbanización Dorado del Mar.
“En la madrugada del 9 de marzo (de 2010) entró (Rivera Seijo) mediante escalamiento a la residencia de la familia González Cacho. Abre la puerta que da a la sala y tomó medidas para no ser escuchado”, sostuvo Miranda en una conferencia de prensa.
Horas antes, la jueza Jessica Morales Correa encontró causa para el arresto del hombre de 37 años y fijó una fianza de $3 millones. La vista preliminar quedó citada para el 29 de marzo.
Miranda sostuvo que a base de la prueba documental y testifical, Rivera Seijo se metió en la casa a robar y se presume que pensó que no había gente allí.
“Agarró un cuchillo filoso de un bloque de cuchillos. Subió la escalera al segundo nivel, pero se percata que había personas en la casa. Él pensaba que estaba vacía. Confunde el pasillo de salida y da a la habitación donde dormía Lorenzo con su hermanita en la misma cama. Percibe que el niño lo ha visto y lo agrede (con) tres puñaladas”, manifestó Miranda al mencionar que hay cuatro declaraciones que sustentan esta versión.
“Él mismo (Rivera Seijo) reconoce que recuerda cuando fue el golpe, cuando se rompe el tabique de la nariz”, agregó el funcionario, acompañado por el fiscal general José Capó; la jefa de la fiscalía federal, Rosa Emilia Rodríguez, el fiscal federal Timothy Henwood, así como los tres fiscales estatales que trabajaron la pesquisa final que da pie a la acusación formalizada ayer en la tarde: Maricarmen Rodríguez, Mario Rivera Geigel y Aracelis Pérez.
Después de atacar al niño, en su huida de la casa Rivera Seijo olvidó un teléfono celular, al igual que una bolsa en la que guardaba documentos de su excarcelación, ocurrida horas antes, un cepillo y pasta dental.
Al relatar el crimen, Miranda dijo que la hermana menor de Lorenzo se despertó “y le dice a su madre que su hermanito la había mojado con sangre”. Entonces descubren al menor gravemente herido.
Cacho esa noche dijo a las autoridades que el menor se había caído de la cama y Miranda pareció justificarla al decir que la pesquisa reveló que el niño se había caído de la cama en varias ocasiones. Luego, el funcionario insistió que esta acusación es sobre Rivera Seijo y no atiende ningún asunto relacionado con una exoneración de Cacho.
Miranda manifestó que Rivera Seijo contó a las autoridades que soltó el cuchillo en una casa, pero no fue recuperado.
También el ahora acusado relató que esa noche durmió en una casa abandonada y se cubrió con unas “persianas de madera”.
“Todo eso se corrobora al detalle. La lavadora que él decía que estaba en el lugar, estaba en el lugar. Las persianas estaban allí”, dijo.
“Él (Rivera Seijo) confesó en cuatro ocasiones distintas. Digamos que cinco porque, antes de confesar a agentes del FBI, se lo había admitido a un padrastro… Esas cuatro confesiones que hace, con la ayuda del FBI, con los fiscales, se ha validado totalmente. Por eso es que, con tranquilidad de espíritu, hemos radicado la acusación en el día de hoy”, sostuvo Miranda.
Subrayó que la pesquisa hecha bajo su administración echó por la borda una serie de teorías sobre el asesinato, incluyendo las que implicaban a Cacho y amigos de la fémina en el crimen.
“Todas ustedes las conocen”, sentenció Miranda al referirse a teorías ampliamente debatidas públicamente y alentadas en parte por exsecretarios de Justicia.
En el pasado, funcionarios como el exsecretario de Justicia, Guillermo Somoza, y el exprocurador general, Obdulio Meléndez llegaron a señalar a Cacho como sospechosa del asesinato y en otros momentos se identificaron a los amigos de la fémina como presuntos implicados.
Esas teorías, “ninguna se sostiene. No hay datos que las validen. Los datos que hay son para desmentirlas”, aseguró Miranda.
 “Hay siete historias, las tengo todas y ninguna de las siete se sostiene. Las personas definitivamente no estaban allí”, insistió en referencia a Jesús Genaro Camacho, Arnaldo “Naldy” Colón y William Marrero, identificados como amigos de Cacho, supuestamente presentes en la casa en la fecha del crimen.
Según declaró Miranda, un examen de triangulación realizado a los teléfonos de esos tres hombres comprobó que no estuvieron en la residencia en Dorado al momento del crimen.
Agregó que el FBI intervino en este caso desde 2010, pero se “cortó” por los próximos dos años.
La fiscal Rodríguez explicó que Justicia no interesó la colaboración y no fue hasta 2013, cuando Luis Sánchez Betances acogió el puesto directivo en Justicia, que se le pidió nuevamente ayuda a la entidad federal.
La fiscal federal expresó que se sintió frustrada por lo que consideró un rechazo de parte de Somoza a la colaboración que las agencias federales brindaron en 2010, aunque no tenían jurisdicción primaria en la pesquisa del crimen.
“Hay que preguntarle a los que estaban a cargo del Departamento de Justicia en el 2010. (Luis) Fraticelli (exjefe del FBI) y yodecidimos no dar más apoyo. No era en aquel momento bienvenido y se suscitó una situación en que había personal de Justicia diciendo que nosotros nos habíamos metido en alguno que no era… se nos dijo que no teníamos que hacer nada ahí”, dijo Rodríguez.
Preguntado sobre el asunto, Miranda respondió que no entraría en “procesos mentales y anímicos” de sus predecesores.
Ayer, Somoza guardó silencio.(Javier Colón Dávila y Cynthia López Cabán-El nuevo día)



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