viernes, 25 de marzo de 2016


La agenda del presidente de los Estados Unidos en Argentina comenzó poco antes del mediodía de ayer cuando fue recibido por Mauricio Macri en Casa Rosada.
Luego de la reunión, a las 13:00 hs., ambos mandatarios brindaron una conferencia de prensa en el Salón Blanco de la casa de gobierno.
A las 14:00, Barack Obama visitó la Catedral e inmediatamente se dirigió a la Usina del Arte en el barrio porteño de la Boca para participar de un encuentro con un grupo de personas a las que la prensa calificó de “jóvenes emprendedores”. Proyectos de empresarios, políticamente correctos que en sus preguntas a Obama pusieron todo el esfuerzo para ser lo menos punzante posible. Gran parte de la exposición del presidente norteamericano terminó convertida en una charla motivacional para chicos ricos que tienen tristeza. La Argentina profunda y mayoritaria no estaba representada en esa elite juvenil de aspirantes a patrones filántropos, alumnos de universidades privadas o participantes de misiones de la ONU.
Por la noche tuvo lugar una Cena de Honor que le ofreció Macri a Obama en el Centro Cultural “Néstor Kirchner”, con una asistencia de 400 invitados. Allí estuvo el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria, Miguel Angel Pichetto; los dirigentes sindicales Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo. También fueron invitados los gobernadores como María Eugenia Vidal (Buenos Aires), Juan Schiaretti (Córdoba), Juan Manuel Urtubey (Salta) o el “socialista” Miguel Lifschitz (Santa Fe), entre otros. Todo el arco de la política burguesa rindió pleitesía a Obama y su estridente esposa.

Mucho gesto y pocas nueces

La conferencia de prensa conjunta que llevaron adelante ambos mandatarios al mediodía estuvo plagada de gestos y declaraciones de buenas intenciones (como el camino al infierno), pero careció completamente de anuncios sustanciales. Hoy la agenda se cargará de más simbolismo impúdico cuando a las 10:30 hs., el líder de la Casa Blanca se haga presente en un acto que tendrá lugar en el Parque de la Memoria, justo en el 40 aniversario del golpe militar.
Macri y Obama declararon sus intenciones de avanzar en el terreno de los “derechos humanos”, en la agenda verde, en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Una abstracta hoja de ruta que se devela como pura demagogia cuando es evidente que las multinacionales para las que ambos gobiernan son las responsables centrales de la destrucción del planeta; que la industria del delito es organizada desde y bajo el amparo de los estados y los métodos terroristas son una consecuencia de la expansión salvaje del imperialismo norteamericano en el mundo en general y en el Medio Oriente en particular.
En el escenario más mundano de la economía, el área que urge al gobierno Cambiemos, pese a la capitulación total y absoluta a los fondos "buitre”, no hubo anuncios significativos más allá de algunos acuerdos comerciales menores que se consumarían en los próximos 12 a 18 meses. Incluso Obama no participó del evento de la Amcham (Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina) donde se firmaron algunos acuerdos comerciales, un gesto que dejó en evidencia que la visita tuvo una impronta más política que de anuncios económicos que no fueron.
El presidente estadounidense no se privó de afirmar, en relación al acuerdo con los “buitres” y la vuelta al mercado financiero internacional, que "a veces el dolor a corto plazo es lo correcto". Ni la rendición incondicional a los holdouts que se propone terminar de sellar el Senado el próximo 30 de marzo con la colaboración de una parte del peronismo, ni la “melosa” visita de Obama, provocarán el shock de confianza o la lluvia de dólares que prometía la operación triunfo.
En el terreno del balance político, Obama precisaba equilibrar su viaje a Cuba en el marco de la disputa interna contra la ultraderecha de su país, con un gesto hacia la nueva derecha que emerge en el subcontinente, cruzado por la crisis de los gobiernos “posneoliberales” o “progresistas”.
Macri, por su parte necesitaba encubrir el ajuste y la orientación económica que es todo lo ortodoxa que le permite la relación de fuerzas, con un guiño y un respaldo de parte del jefe imperial de perfil “progresista” que encabeza el nuevo despliegue de los Estados Unidos en su histórico patio trasero.
Ese es el único “negocio” de importancia, en el ámbito estricto del comercio simbólico de la política, que pudieron cerrar “el señor de los drones” y el gerente general de la flamante CEOcracia argentina.

Derechos y humanos

Aunque hasta ahora se había asegurado que el gobierno norteamericano desclasificaría los archivos referentes a la participación de ese país en la dictadura militar argentina, Obama afirmó que en realidad hará “un esfuerzo por abrir nuevos archivos”.
Más allá de estos límites y ambivalencias, el relato de los “derechos humanos”, acompañado de un discurso de cínico “emprendedorismo” y por los derechos de las mujeres, a cargo de Michelle Obama, es parte de la narrativa del obamismo en retirada. El punto ciego de este nuevo discurso lo transparentó Obama cuando “explicó” que la colaboración de su país con los genocidios en el continente se produjo porque estaban muy preocupados por el comunismo.
Estos dos temas en nuestro país refieren a profundas fracturas sociales (mucho más reales que la famosa “grieta”) y son caros a la conciencia media de la sociedad argentina, puestos de manifiesto en la masividad que siempre tienen las marchas del 24 de Marzo o las impactantes movilizaciones del año pasado por #NiUnaMenos.
Como parte de su operación de contención y pasivización de la crisis del 2001, el kirchnerismo se embanderó tardíamente con la demanda de los derechos humanos, expropió y limitó banderas históricas de los organismos y de la izquierda y habilitó algunos juicios contra los jerarcas del genocidio que ya eran disfuncionales a los intereses del poder real actual. El aliento a los juicios contra los responsables civiles (es decir, empresarios) del “proceso” nunca pasó de una declaración de intenciones o del impulso aislado de algunos referentes que se identificaban con el gobierno saliente.
El uso del kirchnerismo de la cuestión de la lucha por el castigo a los genocidas de la dictadura y su estatización regimentada fue la precuela para el abuso que ahora lleva adelante la “nueva derecha” de Macri y Cambiemos, que lo incorpora como puro relato.
Más allá de las arcaicas y rabiosas editoriales del diario La Nación, es una operación que comenzó con la repentina visita de Macri al museo de la ESMA y se corona en el “homenaje” a los desaparecidos junto al jefe del imperio que gestó y organizó el golpe.
Que Macri pueda adoptar esta cuestión como “política de Estado” no expresa un avance de la “nueva derecha” en su educación cívica democrática, sino las escasas consecuencias que el relato del “derechohumanismo” vaciado y descafeindado tiene hoy para las clases dominantes y los dueños del poder.

Esperanza y realidad

Quizá, la síntesis de los “resultados” de la visita la realizó el mismo Obama en la cena de la tarde-noche (horario de cena norteamericano) realizada en el Centro Cultural Kirchner iluminado con los colores de la bandera de los Estados Unidos. Allí, con más de 400 invitados de la elite política, empresarial, artística y hasta deportiva, el primer mandatario yanqui citó en el cierre de su discurso a nuestro escritor nacional, Jorge Luis Borges: este país “tiene cierto derecho a tener esperanza”, sentenció Obama.
Desconocemos si el “señor de los drones”, impulsor de tantas guerras atroces en función de los intereses de su imperio, conocía otras afirmaciones del escritor en ese mismo reportaje. El siempre controversial Borges, que se orientaba mucho mejor en el campo de la literatura antes que en el espinoso territorio de la política, aseguró en esa entrevista que “toda guerra es un crimen”, parafraseando a Juan Bautista Alberdi. Y en uno de sus clásicos giros sarcásticamente “anarquistas” también aseveró que “lo mejor sería un país que no precisara de un gobierno”.
Como sea, el representante del criminal imperialismo norteamericano y su ruidoso encuentro con quien espera se convierta en el nuevo “mejor alumno” (Macri), no pudo dejar mucho más que un deseo de esperanzas.
Para balancearlo en términos borgeanos, la realidad crítica de la economía y las masivas movilizaciones que tendrán lugar este 24 de Marzo, le marcarán que el tamaño de su esperanza es inversamente proporcional al histrionismo cipayo que todo el régimen político y mediático mostró frente a la pomposa visita de la pareja imperial.(Fernando Rosso-La izquierda diario)

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