jueves, 28 de abril de 2016




En cuanto el ex presidente Carlos Salinas de Gortari se ponía de hinojos delante de un Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que abría las  puertas de México al neoliberalismo, muchas voces y plumas alertaron sobre las fatídicas consecuencias.
     No eran posiciones de las que los entreguistas califican como “oposición por sistema” que, en sus anémicos principios, era lo más fácil de enarbolar, sino que expusieron argumentos para advertir que un TLCAN —NAFTA, si  se prefiere la lengua yankee— pulverizaría la soberanía de nuestra nación, en principio.
     Luego nos alertaron sobre los impactos que la firma de ese acuerdo comercial desencadenaría de manera desastrosa en el campo y el medio ambiente. 
     Sin embargo, pese a la solidez de esas exposiciones, Salinas de Gortari y los legisladores de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional, que cada que tienen oportunidad actúan como diputados y/o senadores que representan los intereses de los EE.UU y de las empresas transcontinentales, aprobarían lo que perjudica a grandes sectores de la sociedad mexicana, a la ecología y a la soberanía de México en varias materias: alimentaria y recursos naturales, entre otros rubros.
     De allí para acá, los que han ocupado la Presidencia de México —Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León (del PRI, ambos), Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa (del PAN,  éstos) y ahora Enrique Peña Nieto, con el retorno tricolor a Los Pinos,  han abierto el zaguán sin rubor a todo lo que huela a neoliberalismo, sin importar los daños.
     Obvio, con el atraso científico-tecnológico respecto a las otras dos naciones signatarias del Tratado de Libre Comercio y el feudalismo financiero a que los EE.UU tienen sometido a México, más el servilismo legislativo del Congreso de la Unión, las leyes y las normatividades de nuestro país y Quintana Roo son casi letra muerta, a pesar de la estructura institucional.
     Tan sólo para dar un ejemplo de lo anterior, cabría citar a la tienda Walmart, tercera corporación multinacional más grande en el planeta Tierra, que opera en Chetumal que, transgrediendo los más elementales reglamentos, vierte sus aguas negras casi en la vía pública, ante la complacencia de las autoridades correspondientes.
     Con el señuelo de que esta cadena departamental crearía fuentes de trabajo, bien a bien la ciudadanía nunca fue informada por la más alta autoridad quintanarroense (léase gobernador) bajo qué condiciones Walmart opera en la capital quintanarroense.
     El que sí sabe algo al respecto, es el contaminado manto freático (Mario Hernández)   
     
    

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