miércoles, 29 de junio de 2016


Carlos Joaquín González fue uno de los dos gobernadores que, tras su triunfo oficializado, estuvo en la conferencia que dieron los dirigentes nacionales de los partidos coaligados que lo postularon.
     Tanto Agustín Basave como Ricardo Anaya Cortés elogiaron la actitud del mandatario electo de Quintana Roo, para vencer los obstáculos que se le presentaron durante el proceso electoral.
    En ese evento fue el presidente del PAN quien se refirió como “héroes de la democracia” a quienes desde la oposición habían ganado gubernaturas, selecto grupo en el que está Carlos Joaquín González.
     Ahora bien, más allá de si el calificativo es o no un enaltecimiento excesivo, un repaso de las adversidades visibles que superó desde antes de su nominación, podría contribuir a tomar el adjetivo del dirigente blanquiazul.
     Recordemos que tras su renuncia al PRI fue tildado de traidor, impronta que al final de cuentas le quedó exacta al partido que abandonó.
     También un accidente de consecuencias irreparables fue utilizado de la manera más ruin para tratar de ensuciar su nombre.
     Luego vino la cadena de intentonas de boicotear mítines en comunidades, cabeceras municipales y en la capital del estado: negación de espacios previamente solicitados, eventos programados a la misma hora; retiro de luminarias públicas. Sin embargo, nada impidió los encuentros multitudinarios, con Carlos Joaquín por delante.
     Ni qué decir de la “invitación” priista a cierta cantidad de trabajadores de la administración pública estatal para que votaran por su candidato, “exhorto” bajo la terrorífica amenaza de despido laboral; advertencia que líderes sindicales de la burocracia enviaban vía celular.
  Otra perla de la alevosa cruzada contra Carlos Joaquín González se la regaló al mundo  el senador cozumeleño por Quintana Roo, quien haciéndose grabar, con el gozo de la impunidad en la boca, retiraba del cerco de una casa un pendón del candidato de la coalición PAN-PRD.
     Lo curioso de estos presumibles delitos es que el órgano  encargado de conducir y vigilar la limpieza del  proceso electoral no se enteraba, a pesar de que abundaban señalamientos de todo tipo.
     De tal suerte que CJG no sólo triunfó en las urnas, sino que también venció a un cúmulo de adversidades instrumentado por el partido que a partir de septiembre le tocará desempeñar el papel  de oposición.
     Sin embargo los obstáculos al gobernador electo no han mermado, pues  el mandatario que deberá entregar la estafeta ha diseñado un manojo de iniciativas de ley para evitar que lo enjuicien, racimo de decretos que, haciendo a un lado la autonomía de los poderes, con honrosas excepciones, ayuntamientos y diputados, con prontitud y huyendo del Congreso del Estado, aprobaron, ante la condena ciudadana.
     No obstante, con los antecedentes de todo lo que Carlos Joaquín González ha superado en su camino al edificio de La alameda de Chetumal, es indudable que tendrá la valentía, respaldo social e imaginación para romper la camisa de fuerza que le hereda su antecesor.
     Y si es o no uno de los “héroes de la democracia”, como afirmó  el líder nacional de Acción Nacional, las acciones venideras  de Joaquín González se encargarán de dar la respuesta, aunque de sobra ha demostrado que viene para respetar los más elevadas demandas de los quintanarroenses. (Mario Hernández; junio 27,2016)                  
          
      
    
    

        

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