martes, 27 de febrero de 2018




En estos días me enteré que la Asociación de Profesionistas del Estado cambió directiva. Asimismo, que el Instituto de la Cultura y las Artes de Quintana Roo (ICAQROO), puso a disposición de la Oficialía Mayor a más de 65 trabajadores de su plantilla laboral.

Se preguntarán ¿cuál es la relación o cual pudiera ser entre estas dos situaciones?

En principio hay que recordar que para los gobiernos de Quintana Roo, en las últimos tres sexenios, la Cultura y las Artes ham ido a la baja. No obstante alguna vez alcanzaron la categoría de Secretaría. Fue más como un premio para quien lo encabezó, que por cierto, le permitió contratar o dar trabajo a personas cercanas a él, a sabiendas que no cubrían el perfil.

Posteriormente fue degradada a Subsecretaría, y en ese cambio de figura jurídica desemplearon a más de 200 trabajadores. Sin ser más papista que el papa, se puede reconocer que de la etapa de Secretaría a la fecha, se han tenido algunos chispazos de brillantez, pero han sido solamente eso, chispazos.

El problema real del por qué no se le da la importancia al tema es muy sencillo. Quiénes han encabezado esa área desconocen los principios más básicos, la importancia real y el valor en la formación del tejido social. En pocas palabras, no pueden apreciar el arte porque no son creadores o no tienen la sensibilidad que se requiere para entenderlo. Algunos han tenido la apertura para escuchar a su personal-que por cierto, en términos generales está muy bien calificado-, pero la mayoría se ha manejado de acuerdo a los intereses económicos o los del gobernador en turno.

Para quien ignora la importancia que tienen la Cultura y las Artes, como se conocen popularmente, puede pasar desapercibido poner a disposición a más de 65 trabajadores, pero en principio, no podemos dejar de pensar que por lo menos representan al mismo número de familias, es decir, su fuente de trabajo ya está en riesgo. Hay incertidumbre laboral. ¿De qué ha servido tanta inversión en capacitaciones, tanta experiencia acumulada? Entonces surge la pregunta: ¿estamos condenados a ser consumidores de “Melo Colli” o “La Rosa de Guadalupe”?

Ahora bien, las escuelas, talleres, cursos de las diversas disciplinas artísticas, son el medio para sensibilizar a un ser humano, para que descubra que la belleza existe a pesar de las peores condiciones, situaciones absurdas, inexplicables, y difíciles donde se crían o desarrollan niños, jóvenes y adultos en muchos casos.

Dicen los expertos que mientras más temprano en edad un ser humano descubre un pincel y pintura, conocimientos para moldear una figura, un instrumento musical, unos pasos de baile, la capacidad para actuar o las letras. En esa medida, tiene mayores posibilidades de ser más abierto en sus relaciones interpersonales, más universal, más diverso, más incluyente y logra desarrollar el sentido de colectividad o de equipo. Dicho de otro modo, tiene mayores posibilidades de alejarse de la violencia, de las adicciones y de los problemas en general. Es similar a lo que uno recibe en casa: educación, porque se educan los sentidos, ahí radica la importancia de la Cultura y las Artes.

Uno se cuestiona, por qué ni los propios trabajadores del (ICA) hacen pública la puesta a disposición de más de 65 empleados. Para un común mortal, parece una situación drástica, alarmante. Pareciera que una vez que te conviertes en lo que se denomina burócrata, estuvieras condenado a aceptar las condiciones que te impone el patrón.

Lo que parece inverosímil, es que un nutrido grupo de esos trabajadores, tienen instrucción académica profesional, tienen experiencia laboral y supuestamente conocen sus derechos y obligaciones. En efecto las conocen pero no los ejercen. La política de miedo: “tengo familia y tengo que comer”. Muchos de esos profesionistas inclusive pertenecen a diferentes organizaciones públicas, tienen prestigio público, porque son creadores, son artistas en el sentido coloquial o popular de la expresión.

En relación al cambio de directiva de la “Asociación de Profesionistas de Quintana Roo”, uno pensaría que quizás esta organización pudiese ser intermediaria entre la “autorida” y los trabajadores en el tema que nos ocupa. Olvidaba que estamos en pleno proceso electoral, que en estas fechas existen motivaciones más importantes, y así como esta organización, uno no encuentra en quien apoyarse, quien abandere una causa tan noble, como defender a los trabajadores que son el sustento de una familia. Ni tampoco te permite la “autorida” asociarte en un sindicato de trabajadores de confianza que permita defenderte de manera colectiva, sin depender de una persona moral o. física para ello.

¿Dónde están los diputados locales, dónde la Secretaria del Trabajo y Previsión Social; dónde está el Oficial Mayor, quién le permite a Jacqueline Estrada Peña, Directora General del Instituto de Cultura de Quintana Roo, desmembrarlo tan drásticamente, sin remordimientos, sin ninguna responsabilidad penal o administrativa, quien le autoriza que emplee a parientes y a amistades?

Cabe mencionar que esta denigrante y cobarde situación de desemplear trabajadores, reubicarlos o degradarlos, se está convirtiendo en una guerra de bajo impacto en diferentes Entidades, Secretarias y Órganos Desconcentrados en Quintana Roo, es un tema que pasa desapercibido en los medios de comunicación. ¡A nadie le importa!

¿Existe tan mal cálculo político de esta administración, a pesar de estar inmersos en el proceso electoral;  son tan desatinadas las tomas de decisiones por parte de quienes forman esta trama; existe tanto desprecio hacia la Cultura, las Artes y los trabajadores al servicio del gobierno de Quintana Roo?

Marvin Verdayes Marsh 25/02/2018

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